21 julio,2024
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Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo: REFLEXIÓN DOMINICAL EN CLAVE ECOLÓGICA- Ciclo B

La Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, más conocido con su nombre anterior (latino): “Corpus Christi”, en Bolivia se la celebra en Día Jueves, día de la institución de la Eucaristía, en otros países en día Domingo. En esta celebración, somos invitados a profundizar en el misterio de la Eucaristía, reconociendo la presencia real de Jesús entre nosotros y su llamado a la comunión y a la unidad. Esta celebración nos impulsa a contemplar no solo la creación como un regalo divino, sino también nuestra responsabilidad de protegerla y cuidarla. En clave ecológica, recordamos que la Eucaristía es un acto de amor y agradecimiento, un llamado a vivir en armonía con la naturaleza y a ser buenos cuidadores de los recursos que Dios nos ha confiado. Inspirados por el amor de Cristo, estamos llamados a transformar nuestras vidas y nuestras acciones, adoptando buenas prácticas para las generaciones futuras. En esta Solemnidad profundizamos con los siguientes elementos que la liturgia de la Palabra nos ofrece:

PRIMERA LECTURA

En la lectura del libro del Éxodo 24, 3-8, Moisés comunica al pueblo las palabras y prescripciones del Señor, y el pueblo responde con un compromiso unánime de obedecer. Este pasaje, desde una perspectiva ecológica y catequética, nos invita a reflexionar sobre nuestra responsabilidad colectiva de cuidar la Creación. El acto de Moisés de levantar un altar y erigir doce piedras en representación de las doce tribus de Israel simboliza la unidad, el respeto por la obra de Dios, el reconocimiento de la santidad de la tierra y la necesidad de actuar de manera responsable hacia el medio ambiente.

La sangre de la alianza, rociada sobre el pueblo, simboliza un pacto sagrado y un compromiso profundo con Dios. En un contexto ecológico, este acto nos recuerda que nuestra relación con la Creación es también un compromiso sagrado. Así como el pueblo de Israel se comprometió a obedecer las palabras del Señor, nosotros debemos comprometernos a adoptar prácticas sostenibles que respeten y protejan la naturaleza. Al reconocer la santidad de la Creación y nuestra responsabilidad como sus guardianes, respondemos a nuestro llamado a vivir en armonía con el mundo natural.

SALMO RESPONSORIAL  

El Salmo 115, 12-13. 15-18 nos ofrece una profunda reflexión sobre la gratitud y el compromiso con el Señor, elementos que podemos vincular directamente con el cuidado de la Creación. La expresión “Alzaré la copa de la salvación e invocaré el nombre del Señor” nos invita a reconocer y agradecer los dones que Dios nos ha otorgado, incluyendo el mundo natural. Este acto de elevar la copa simboliza la celebración y el reconocimiento de la abundancia y la belleza de la Creación. Al invocar el nombre del Señor, reafirmamos nuestra conexión con Él y nuestra responsabilidad de proteger y cuidar la obra de Sus manos. Esta relación sagrada nos llama a cuidar diligentemente nuestro entorno, trabajando para preservar la naturaleza y asegurar que las generaciones futuras también puedan disfrutar de sus maravillas.

SEGUNDA LECTURA

En la lectura de la carta a los Hebreos 9, 11-15, se destaca la figura de Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, quien a través de su sacrificio nos ofrece una redención eterna. Desde una perspectiva de cuidado de la casa común, nos invita a reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos como custodios de la Creación. La Morada más excelente y perfecta que se menciona, no construida por manos humanas, puede interpretarse como la Creación misma, la obra de Dios que estamos llamados a proteger y preservar. El sacrificio de Cristo nos purifica y nos da la oportunidad de renovar nuestra relación con Dios, lo que incluye nuestro compromiso con el cuidado del medio ambiente. Al reconocer la redención obtenida por Cristo, debemos también comprometernos a vivir de manera que honre esta Nueva Alianza, adoptando prácticas a favor de la naturaleza.

La sangre de Cristo, ofrecida sin mancha, purifica nuestra conciencia y nos libera de las obras que llevan a la muerte, permitiéndonos tributar culto al Dios viviente. En este contexto, cuidar la Creación se convierte en un acto de culto y gratitud hacia Dios. Al ser mediador de una Nueva Alianza, Cristo nos llama a vivir en armonía con el mundo natural, reconociendo que el cuidado del medio ambiente es parte integral de nuestra fe y espiritualidad.

EVANGELIO

En el Evangelio según San Marcos 14, 12-16. 22-26, vemos a Jesús instruyendo a sus discípulos para preparar la Pascua, desde una mirada ecológica, este pasaje nos recuerda la importancia de la preparación y la atención al detalle en nuestro cuidado de la Creación. El hombre con el cántaro de agua y la sala dispuesta para la comida pascual nos enseñan a valorar los recursos naturales y a utilizarlos con sabiduría y responsabilidad. La preparación de la Pascua simboliza la necesidad de planificar y actuar con previsión para proteger y preservar nuestro entorno. La naturaleza, como la sala preparada, debe ser cuidada y respetada, reconociendo su papel esencial en nuestra vida y en nuestra relación con Dios.

En el acto de la Última Cena, Jesús toma el pan y el vino, elementos simples y naturales, y los convierte en símbolos de su Cuerpo y Sangre, la Nueva Alianza. Este gesto nos invita a ver lo sagrado en lo cotidiano y a reconocer la conexión profunda entre nuestra fe y la Creación. Al bendecir y compartir estos dones de la tierra, Jesús nos llama a una actitud de gratitud y responsabilidad hacia los recursos que nos ofrece la naturaleza. La sangre de la Alianza, derramada por muchos, nos recuerda el sacrificio y el amor de Cristo, motivándonos a vivir en armonía con la Creación y a trabajar por su cuidado y conservación.

A MODO DE CIERRE

Así como Moisés y los israelitas renovaron su pacto con Dios a través de ofrendas y sacrificios, y como Cristo nos llama a reconocer la santidad en los elementos simples de la tierra, nosotros también estamos llamados a cuidar y proteger nuestro entorno con amor y devoción. Alzando la copa de la salvación y reconociendo en cada acto de cuidado ambiental una expresión de nuestra fe, respondemos a la invitación de vivir en armonía con la Creación. Como nos enseña el Papa Francisco en Laudato Si’: “La tierra es esencialmente una herencia común, cuyos frutos deben beneficiar a todos” (LS 93). Que esta celebración nos motive a renovar nuestro compromiso de proteger nuestra casa común, ensalzando a Dios a través de nuestras acciones.

Por E. Marcial Riveros Tito

#Rumbo a los 10 años de la Encíclica Laudato Si´

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