20 julio,2024
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  “LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS, EL SEÑOR”

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA – CICLO “B”

Mensaje del Génesis 22,1-2.9-13.15-18

El Autor Sagrado advierte que se trata de una “prueba”. Dios quiere ver hasta dónde llega la obediencia y la fidelidad del Patriarca. Le pide sacrificar a su hijo, en otras palabras, que renuncie a aquél que representa el cumplimiento de la promesa. Isaac es mucho más que solo un hijo para Abraham, es el único lazo con el futuro, con la descendencia de su familia que tiene la tarea de poseer la tierra prometida. Cuando Dios le había llamado a dejar su tierra, Abraham había renunciado a todos los lazos que le unían con el pasado, ahora con el sacrificio de su único hijo debe renunciar también al futuro.

Abraham obedece el mandato sin dudar. El camino que recorren junto a su hijo está cargado de un silencio doloroso; la breve conversación entre ambos describe la tensión, el drama del momento. Ante la pregunta de su hijo ¿Dónde está el cordero para el sacrificio? La respuesta del padre es cariñosa pero evasiva: “Dios proveerá”. Tras preparar minuciosamente el holocausto y el sacrificio de Isaac parece inevitable, un ángel interviene deteniendo la mano de Abraham, así Dios se revela como misericordioso, ha visto la lealtad de Abraham, por eso renueva su Alianza con el Patriarca y le promete que todas las naciones obtendrán la bendición a través de su descendencia.

Mensaje de la Carta a los Romanos 8,31b-34

Con un hermoso himno, el texto exalta el amor fiel de Dios, quien, por nuestra salvación, nos ha dado lo más precioso que posee: su propio Hijo. El Apóstol, a través de una serie de preguntas, nos infunde una gran confianza hacia Dios, que siempre se manifiesta a favor del ser humano: ¿Quién puede presentarse como acusador de los que el Señor ha hecho justos y glorificó? ¿Quién podrá condenarnos si Dios Padre ha manifestado su misericordia en su Hijo, que cargó con el pecado del mundo para expiarlo por nosotros? Nuestro Señor Jesucristo afrontó y venció a la muerte para que nadie sufra la muerte eterna; como el Primogénito de entre los muertos intercede por nosotros, para que podamos alcanzar la vida en plenitud en presencia de Dios. Nada debemos temer, porque nada nos podrá separar nunca del amor de Dios en Cristo Jesús.

Mensaje del Evangelio según san Marcos 9,2-10

La historia acontece sobre un monte alto. Debemos destacar que, en el AT, y sobre todo en el Éxodo, el monte es lugar por excelencia de la revelación divina. Además de la presencia de Elías y Moisés, que son dos personajes centrales de la historia de Israel, ambos muy importantes ya que representan a la ley (Moisés) y a los profetas (Elías), podemos decir entonces que estas dos personalidades resumen todo el AT.

El relato de la Transfiguración nos muestra una experiencia intensamente profunda de Jesús con sus discípulos, quienes ante esta revelación quieren quedarse en ese lugar. La actitud que asumen los discípulos al querer construir tres tiendas, no está en consonancia con la propuesta de Jesús que tiene una visión más amplia, es decir, de ofrecer a toda la humanidad la promesa de Salvación. Vino entonces una voz de la nube. En el judaísmo la nube es una figura importante en las manifestaciones de Dios (Ex 19,16; 14,19; Is 63,14), es decir, que Él mismo interviene y hace una importante exhortación “Este es mi hijo muy querido: escúchenlo”. La expresión Hijo amado significa hijo único, y de esta forma se designa a Jesús como el Mesías. Se podría decir que el texto recoge la interpretación hecha por la Iglesia primitiva que se expresa en el Salmo: “Voy a proclamar el decreto del Señor: Él me ha dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy” (Sal 2,7).

En relación con el texto de san Marcos 1,11 se puede apreciar un cambio significativo. En este texto en ocasión del bautismo de Jesús, la voz del cielo se dirige personalmente al Hijo querido, en la transfiguración la voz de Dios, revela a Jesús como Hijo amado a los tres discípulos que habían acompañado al Señor, exhortándoles que es a Él a quien deben escuchar. De esta forma Dios ratifica a su Hijo como el Mesías el Salvador y lo hace camino de su pasión y muerte en cruz. Es en ese sentido que Jesús pide a sus discípulos que no digan a nadie lo que habían presenciado, hasta que el Hijo del Hombre resucite.


Por: Javier Silva Aparicio

Responsable de la Sección de Animación Bíblica

Área de Evangelización – CEB

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