21 julio,2024
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¡Qué gozo inmenso de la Virgen María!: Transmitir la alegría de lo que lleva en su vida a ¡Jesucristo el Salvador!

Dios, en su plan de Salvación, nos concede la gracia plena por medio de su Hijo, mostrándonos, de esta manera, el gran amor que nos tiene, porque Él ha querido habitar en medio de nosotros.

La lectura del Evangelio nos relata la experiencia o acontecimiento portadora de vida. «-¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! (Evangelio). Del encuentro auténtico con el Señor» se desborda la alegría que se transmite a todos.     

María, nuestra Madre, nos enseña y nos señala el camino a seguir para sentir y experimentar la alegría del encuentro con el Señor: Tener una vida de FE plena y auténtica en Él; tener una actitud de servicio para con nuestros hermanos: “María se puso en camino y fue a prisa a la montaña” y fue fiel hasta el fin.   

Dejemos que el Espíritu del Señor actúe en nosotros. El fortalecerá nuestra vocación de discípulos – misioneros.

¡Gocémonos en el Señor!

¡Seamos portadores de vida en esta Navidad!

Carta Pastoral «Los católicos en la Bolivia de hoy» – Obispos de Bolivia

El valor de la vida.

53. La vida, reconocida y protegida por toda sociedad organizada, es la base fundamental de la existencia humana. Hoy afrontamos un desafío histórico al verla desvalorizada, incluso por parte de algunos defensores de los derechos humanos que consideran que los derechos de la mujer son más valiosos que los del nuevo ser engendrado en sus entrañas, resultando en consecuencia que la nueva criatura queda al
margen de los derechos humanos reconocidos y, por tanto, no merece ninguna protección.

Para la Iglesia la dignidad de todo ser humano merece el máximo respeto, por lo cual es indiscutible la valoración y defensa de la vida desde su concepción hasta su conclusión natural, sin ningún tipo de distinciones, como la edad gestacional, el origen, la etnia, el género u otro. Por ello la Iglesia rechaza toda forma de interrupción de la vida o de manipulación genética que no respete este valor.

La vida, motivo de celebración, debe ser respetada en todo ámbito, familiar, educativo, laboral, social, científico u otro y es compromiso del Estado promoverla y defenderla respetar, sin distinción alguna, como señala la propia Constitución Política del Estado, sin que pueda excluirse de este derecho.

CARTA ENCÍCLICA
REDEMPTORIS MATER N°8

8. María es introducida definitivamente en el misterio de Cristo a través de este acontecimiento: la anunciación del ángel. Acontece en Nazaret, en circunstancias concretas de la historia de Israel, el primer pueblo destinatario de las promesas de Dios. El mensajero divino dice a la Virgen: « Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo » (Lc 1, 28). María « se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo » (Lc 1, 29). Qué significarían aquellas extraordinarias palabras y, en concreto, la expresión « llena de gracia » (Kejaritoméne).21

Si queremos meditar junto a María sobre estas palabras y, especialmente sobre la expresión « llena de gracia », podemos encontrar una verificación significativa precisamente en el pasaje anteriormente citado de la Carta a los Efesios. Si, después del anuncio del mensajero celestial, la Virgen de Nazaret es llamada también « bendita entre las mujeres » (cf. Lc 1, 42), esto se explica por aquella bendición de la que « Dios Padre » nos ha colmado « en los cielos, en Cristo ». Es una bendición espiritual, que se refiere a todos los hombres, y lleva consigo la plenitud y la universalidad (« toda bendición »), que brota del amor que, en el Espíritu Santo, une al Padre el Hijo consubstancial. Al mismo tiempo, es una bendición derramada por obra de Jesucristo en la historia del hombre desde el comienzo hasta el final: a todos los hombres. Sin embargo, esta bendición se refiere a María de modo especial y excepcional; en efecto, fue saludada por Isabel como « bendita entre las mujeres ».

La razón de este doble saludo es, pues, que en el alma de esta « hija de Sión » se ha manifestado, en cierto sentido, toda la « gloria de su gracia », aquella con la que el Padre « nos agració en el Amado ». El mensajero saluda, en efecto, a María como « llena de gracia »; la llama así, como si éste fuera su verdadero nombre. No llama a su interlocutora con el nombre que le es propio en el registro civil: « Miryam » (María), sino con este nombre nuevo: «llena de gracia ». ¿Qué significa este nombre? ¿Porqué el arcángel llama así a la Virgen de Nazaret?

En el lenguaje de la Biblia « gracia » significa un don especial que, según el Nuevo Testamento, tiene la propia fuente en la vida trinitaria de Dios mismo, de Dios que es amor (cf. 1 Jn 4, 8). Fruto de este amor es la elección, de la que habla la Carta a los Efesios. Por parte de Dios esta elección es la eterna voluntad de salvar al hombre a través de la participación de su misma vida en Cristo (cf. 2 P 1, 4): es la salvación en la participación de la vida sobrenatural. El efecto de este don eterno, de esta gracia de la elección del hombre, es como un germen de santidad, o como una fuente que brota en el alma como don de Dios mismo, que mediante la gracia vivifica y santifica a los elegidos. De este modo tiene lugar, es decir, se hace realidad aquella bendición del hombre « con toda clase de bendiciones espirituales », aquel « ser sus hijos adoptivos … en Cristo » o sea en aquel que es eternamente el « Amado » del Padre.

Cuando leemos que el mensajero dice a María « llena de gracia », el contexto evangélico, en el que confluyen revelaciones y promesas antiguas, nos da a entender que se trata de una bendición singular entre todas las « bendiciones espirituales en Cristo ». En el misterio de Cristo María está presente ya « antes de la creación del mundo » como aquella que el Padre « ha elegido » como Madre de su Hijo en la Encarnación, y junto con el Padre la ha elegido el Hijo, confiándola eternamente al Espíritu de santidad. María está unida a Cristo de un modo totalmente especial y excepcional, e igualmente es amada en este « Amado »eternamente, en este Hijo consubstancial al Padre, en el que se concentra toda « la gloria de la gracia ». A la vez, ella está y sigue abierta perfectamente a este « don de lo alto » (cf. St 1, 17). Como enseña el Concilio, María « sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que de El esperan con confianza la salvación ».22

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