17 julio,2024
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Nuestra Señora de La Paz, ruega por nosotros

Con alegria y confianza oremos juntos:

ORACION PARA LA PAZ EN BOLIVIA

Padre Santo, Señor de la vida y la historia,
hacemos nuestras las palabras de tu Hijo Jesús:
“La Paz les dejo, mi Paz les doy”.

Con corazón abierto y agradecido
te invocamos hoy en esta tierra boliviana
bendecida con toda clase de bienes materiales y espirituales.
Despoja nuestro espíritu del odio, de la violencia,
del rencor y de la división entre hermanos.

Ayúdanos a superar el miedo y la desconfianza
a curar nuestras heridas de nuestro pasado,
a superar nuestras diferencias y mezquindades,
a vencer los errores y las injusticias en contra de los
más pobres y marginados.

Concédenos la gracia de tu perdón a fin de que también
nosotros podamos perdonarnos unos a otros y construir
juntos una Bolivia mejor por caminos de reconciliación,
de verdad, de justicia, de fraternidad y de paz.

María, Madre de Jesús y Madre nuestra,
te encomendamos nuestra Patria
para que en ella reine la paz duradera.

Amén

Historia de Nuestra Señora de la Paz

Hoy 24 de enero celebramos a la Virgen María de La Paz, advocación mariana que nos presenta a la Santísima Virgen María como «Nuestra Señora de la Paz».  Esta advocación se celebra principalmente en España y en El Salvador de donde es Patrona. En Bolivia también es venerada en la ciudad que lleva su mismo nombre, Nuestra Señora de la Páz.

La Virgen tiene en su brazo izquierdo al Niño Jesús y en el derecho una rama de palma u olivo, como símbolo de la paz. El origen de esta devoción se remonta al siglo VII, exactamente al 18 de diciembre del año 645, cuenta la historia que pasada la medianoche, terminado el IX Concilio de Toledo, su arzobispo san Ildefonso, ferviente devoto de la Virgen María, en compañía de algunos colaboradores, se dirigió a la Catedral para cantar los maitines. Al entrar, se produjo en el altar un resplandor fuerte e irresistible a los ojos corporales. Los acompañantes del arzobispo huyeron asustados, pero él avanzó resueltamente y vio a la Santísima Virgen, que había descendido del cielo y estaba sentada en su cátedra episcopal. 

La Madre de Dios habló con dulces palabras a su fiel servidor y promotor de la Fe en su Inmaculada Concepción, le entregó una casulla, la cual aún se conserva allí, y después desapareció. Por este particular beneficio, cuando muere san Ildefonso el 23 de enero del año 667, la Iglesia de Toledo decretó que el 24 de enero se celebrase solemnemente en todo el arzobispado, el memorable descenso de la Virgen María a la Iglesia Catedral.

Sin embargo, el nombre y la advocación de Nuestra Señora de la Paz le es dado a fines del siglo XI, a raíz de un singular acontecimiento histórico. En el año 1085, Alfonso VI, rey de Castilla (España), reconquistó la ciudad de Toledo tomada por los musulmanes. Una de las condiciones estipuladas en el Tratado de Paz, fue que el Templo principal de la ciudad quedase para los musulmanes como mezquita. El rey Alfonso firmó el Tratado y enseguida se ausentó de Toledo, dejando a su esposa, la reina Constanza, como Gobernadora de la plaza.

Los cristianos consideraron cosa indigna que, si nuevamente eran dueños de la ciudad, no lo fuesen de la Iglesia Metropolitana consagrada a la Santísima Virgen, por tal razón fueron a presentar sus quejas ante el Arzobispo Rodrigo y ante la reina Constanza, quienes compartieron su horror de que la Catedral sirviese para los cultos a Mahoma y apoyaron sus peticiones. Alentados por aquella tácita autorización, los cristianos trataron de apoderarse de la Catedral con gente armada, sin tener en cuenta el compromiso del rey ni el peligro a que se exponían en aquella ciudad donde era mayor el número de musulmanes; éstos ante el ataque, tomaron las armas y, juzgando que el rey quebrantaba el Tratado, se lanzaron contra los cristianos para vengar la injuria. El combate se entabló frente a la Catedral y no cesó hasta que la reina y el arzobispo se presentaron en el campo de batalla para aclarar que el ataque se había lanzado sin saberlo el rey.

Enseguida, los musulmanes enviaron embajadores al rey para denunciar el atentado, y Alfonso volvió rápidamente a Toledo, con el firme propósito de hacer un escarmiento a la reina, el arzobispo y los cristianos por haber quebrantado su real palabra.

Cuando los cristianos de la ciudad tuvieron noticia del enojo del rey, salieron a su encuentro en procesión, encabezada por el arzobispo, la reina y su hija única. Pero ni las súplicas de aquellos personajes, ni los ruegos del pueblo para que los perdonase, atento al motivo que los animó al ataque y que no era otro que el de tributar culto al verdadero Dios en la gran iglesia de Toledo, consiguieron que el monarca accediese a faltar a su honor y a la palabra que había empeñado. Don Alfonso anunció a los solicitantes que la Catedral quedaría en poder de los musulmanes, como lo había prometido.

Pero en ese momento se produjo un acontecimiento extraordinario, que todos tomaron como una señal de que Dios había escuchado sus plegarias. Los musulmanes consideraron el peligro a que se exponían si mantenían el culto a Mahoma en la Iglesia principal de aquella ciudad cristiana y enviaron al encuentro del rey una comitiva de sus jefes. Los embajadores salieron de Toledo y, postrados ante Don Alfonso, le suplicaron que perdonase a los cristianos y prometieron devolverle la Catedral. Grande fue la alegría del rey y el de su pueblo, que vieron en aquella solución inesperada una obra de la Divina Providencia. El monarca ordenó, con el beneplácito del arzobispo y de todos los fieles que, al día siguiente, justo un 24 de enero, se tomase posesión de la Catedral y se hiciesen festividades especiales en honor de la Virgen María de la Iglesia Metropolitana, a la que, por haber restablecido la paz en la fecha de su fiesta, se la veneraría en adelante con el nombre de Nuestra Señora de la Paz.

Y desde aquel 24 de enero de 1085 hasta hoy, se realizan en Toledo magníficas celebraciones y espléndidas procesiones en su honor.

De Toledo se extendió su devoción a toda España; luego a Bruselas (Bélgica), más tarde su devoción alcanza Paris, Roma y de ahí pasa a la isla de Hawai donde también es venerada. 

En América, todas las naciones evangelizadas por España, profesaron una veneración especial a Nuestra Señora de la Paz, que tiene un santuario en cada una de las grandes ciudades latinoamericanas.

El Papa Benedicto XV (1914-1922), víctima de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), favoreció esta devoción y el 5 de mayo de 1917, prescribió para toda la Iglesia incluir en las Letanías del Rosario la invocación “Reina de la Paz”.

En Argentina, en la Catedral de Buenos Aires se venera una imagen traída de Perú en 1750; a ella se recurrió en los momentos históricos difíciles de esta nación.

Hoja Dominical «Día del Señor»

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