17 julio,2024
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ALÉGRATE, LLENA DE GRACIA

DOMINGO IV DE ADVIENTO

Mensaje del 2° libro de Samuel 7, 1-5. 8b-11. 16

La primera lectura de hoy  nos habla del arca de la Alianza (símbolo de la presencia de Dios, donde estaba las tablas de la Ley,  el maná, la vara de Moisés que recordaba el tiempo del Éxodo por el desierto), que fue trasladado de Quiriat Jearim hasta Jerusalén (cf. cap16). En momentos en que la paz se había consolidado en el reino, David había construido su palacio de cedro donde ahora vivía tranquilo y seguro. Mientras que el Arca, presencia de Dios en medio de su pueblo, sigue como en los días de la travesía por el desierto, y como un acto de agradecimiento a los favores recibidos de parte de Dios, el rey cree que se debe construir una casa también para el Arca, una casa digna por lo que esta representa para el pueblo.  En un primer momento ante el anuncio del rey David, el profeta Natán aprueba el proyecto, pero aquella misma noche el profeta tuvo una revelación de Dios donde le manifiesta que no será David quien le edificara una casa, sino al contrario será Dios quien dará a David una casa, es decir, una descendencia como lo hizo con Abrahán (Gn. 12,2) y un reino que durarán por siempre, 

Mensaje de la carta de San Pablo a los Romanos 16,25-27.

San Pablo concluye su carta a la comunidad cristiana de Roma, dando saludos personales a varias personas que él conocía y que hacían parte de la comunidad romana. Esta última parte de la carta es una doxología,  en la que Pablo alaba a Dios por su proyecto, que tiene como objetivo que todos los pueblos conozcan a Jesucristo. La Buena Noticia no se puede anunciar, sino desde esa misteriosa llamada gratuita de Dios, que nos escoge para una misión difícil, pero importante y grandiosa al mismo tiempo.

Mensaje del Evangelio según San Lucas 1,26-38.

Este Domingo último de Adviento que es ya la preparación inmediata a la celebración de la Navidad. María nos es presentada como un gran ejemplo de espera y apertura a la venida del Señor, que se da en la sencillez de una familia humilde de Nazaret. 

El Evangelio inicia con la aparición del ángel Gabriel “En el sexto mes” después de haber anunciado a Zacarías que su esposa Isabel, iba a concebir un hijo al que pondrán el nombre de Juan, ahora Dios lo envía nuevamente pero esta vez a la ciudad de Galilea, a un pueblito llamado Nazaret, que al parecer no tenía ninguna relevancia (cf. Jn 1,46; 7,41), porque incluso no se lo nombra en el Antiguo Testamento. Era una región conocida como la de los gentiles (Is 8,23; cf Mt 4,14), se decía además que de Nazaret no podía salir nada bueno (Jn 1,46), es lo que afirman los fariseos cuando contradicen a Nicodemo de forma despectiva: «Investiga y verás que de Galilea no sale ningún profeta» (Jn 7,52). Es en este humilde lugar donde el ángel Gabriel se revela a una joven virgen cuyo nombre es María, y estaba desposada con José un hombre considerado como justo, y que era de la estirpe del rey David, este es un artesano, un carpintero humilde que parece no mostrar ningún interés en buscar algún puesto de privilegio. Pero será a través de él que se cumpla la promesa de Dios hecha al rey David, de tener una descendencia (1ra lectura). La aparición del mensajero de Dios se realiza en una humilde casa de Nazaret, a diferencia del anuncio del nacimiento de Juan Bautista, que se realizó en el templo, de forma solemne en Jerusalén la capital del país. 

El saludo del Ángel la  invita a llenarse de alegría, como cuando los  profetas anunciaban el gozo a la hija de Sión, a Jerusalén (Is 12,6; Sof 3,14-15; Jl 2,21-27; Zac 2,14; 9,9). Y la llama «llena de gracia», la expresión «kejoritoméne» (Lc 1,28), que se puede traducir como: privilegiada, favorecida, agraciada, llena de gracia, expresa sin duda que María goza del favor divino. Ante el saludo ella queda desconcertada, porque el Ángel le anuncia que al encontrar gracia ante los ojos de Dios su Hijo se encarnará en su seno, y le pondrá por nombre Jesús que significa Dios Salva (cf. Is 7,14). Los títulos que se le atribuyen recuerdan las promesas mesiánicas hechas por el profeta Natán (2 S 7, 11-16). Que es el texto que inspira a san Lucas 1, 32-33. Jesús será «grande» (cf. 2 S 7, 11); será Hijo del Altísimo, son los títulos reservados a los grandes personajes (Sal 2, 7; 28- 29, 1; 81-82, 6; 88-89, 7) y reservado para el Mesías en 2 S 7, 14. Quien  se sentará en el trono de David como lo anuncian también 2 S 7, 16;  Is 9, 6.   

María cierra la escena con unas palabras que son el modelo de la actitud del creyente: el de aceptar confiadamente ser instrumento de la acción de Dios: “Que se haga en mi según tu Palabra”. 

Por: Javier Silva Aparicio

Responsable de la Sección de Animación Bíblica

Área de Evangelización – CEB

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